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miércoles, 2 de marzo de 2011

kron tv

Hoy he visitado Kron TV, una cadena de televisión que cubre el Área de la Bahía de San Francisco. Está asociada a la NBC (National Broadcasting Company) y tiene un informativo matinal que dura siete horas (desde 4 de la mañana hasta las 11), algo único en Estados Unidos. He tenido la oportunidad de ver la última hora del noticiario de hoy.


Varias cosas me han llamado la atención. En primer lugar, la cantidad de anuncios que emiten a lo largo del informativo. Ocupan un 30% del tiempo total. Aunque realmente no sé de qué me sorprendo, es solo una muestra más de la importancia del dinero en este país. En segundo lugar, me ha llamado la atención la cantidad de conexiones en directo que hacen con reporteros fuera de plató (en el de hoy, 7 en una hora) y la atención que le ponen al tráfico. Pero lo que más me ha sorprendido es la aceleración con la que cuentan las noticias. Me explico: me da la sensación de que persiguen, con más afán que España, uno de los principios más importantes del periodismo: “Show, don’t tell it” (Muestra, no lo cuentes). A pocas historias les dedican más de 30 segundos. Intentan informar de lo justo para entender la historia y punto. Sin rodeos. Ni adornos ni florituras, la noticia pura y dura. Sin embargo, noto que algo falla. Igual es porque estoy acostumbrado a un tipo de informativo diferente, pero siento que cuentan las noticias de manera acelerada. Tienen tan poco tiempo para contar las historias que parecen que lo cuentan todo en una frase de medio minuto, sin parar si quiera para respirar. En el plató, esa sensación de velocidad está igual de presente. Me agobia. A ellos, parece que no. En cuanto cortan para los anuncios, se les ve relajadísimos. Cuestión de acostumbrarse, como todo.


La tecnología, la misma que en España. Eso no varía. Después del informativo, me he probado a leer un par de historias a cámara. ¿No me queda mal, verdad?


El vestuario habría que mejorarlo. De todas formas, no creo que acabé por aquí. Estoy seguro de que los platós de Antena 3 me quedarían mucho mejor.

sábado, 15 de enero de 2011

cafe sevilla

Después de cinco días de tacos, nachos, pizzas y hamburguesas, he cenado algo que jamás pense que probaría en California: gazpacho andaluz, empanadillas y pollo ajillo; de beber, tercios de Alhambra bien frios. ¿Dónde? En el Café Sevilla de Riverside. Tienen otros dos locales, también en el sur de California: en San Diego y en Long Beach. Se nota que no hay ni un español en la cocina, pero la comida esta bastante conseguida. Y muy variada: todo tipo de ensalada, calamares, pinchos morunos, croquetas, pisto manchego y, como no, paella, jamón serrano... y el plato estrella aquí -que yo, por la pinta, he pasado de pedir: tortilla de patatas-. El decorado, mas español incluso que la comida:


Se llena todos los días. No es barato pero, teniendo en cuenta que se come bien y que la cena incluye actuación flamenca en directo, no esta tan mal. "Yo soy gitano. Pero no gitano andaluz, gitano del norte. Pero no gitano catalán. Los catalanes no me gustan. Yo soy gitano francés". Así se me ha presentado Joef, el cantaor que ha actuado esta noche en el Café Sevilla. Ha sido una actuación de flamenco-fusión. A las guitarras españolas y el cajón flamenco le acompañaban un violín y una batería.


Ningún miembro de la banda era español. Todos franceses o estadounidenses. "Por aqui no suelen venir artistas flamencos españoles. Suelen ser de Francia e Irán", me ha dicho el encargado. Lo de los iranies me ha sorprendido. Lo de los franceses, no tanto. Si mal no recuerdo, los Gipsy Kings nacieron en Francia. Por cierto, el Joef este me ha dejado de piedra cuando se ha 'arrancao' con el Volaré, el Bamboleo y el Djovi, Djova. Ha estado bien. Me ha dado una copia de su disco. No se si llegaré a escucharlo, pero paso de tirarlo. No vaya a ser que triunfe algún día.

miércoles, 12 de enero de 2011

el viaje

Ya llegue. Son las 9.56. En España, las 18.56. Estoy como nuevo. Parece que las 8 horas de sueño se han comido al jet lag.

Estoy en Temecula, una ciudad de 105mil habitantes al sur de California, 60millas (97km) de San Diego, y a 90 (145km) de Los Angeles, donde aterrice. Vine desde el aeropuerto en coche, por la I-15, que cruza los Estados Unidos de este a oeste. Aqui en Temecula pasare unos dias con Luis Jubany, un albaceteño que lleva aqui desde hace 26 años, buen amigo de mi tio Antonio. Despues, viajare hasta San Francisco y, desde alli, a San Rafael, donde vivire durante los proximos 4 meses.


La cama en la que he dormido debe ser comoda. Me he recuperado de lo que creia que me iba a dejar secuelas durante unos dias: 24horas de viaje. Un dia completo de avion, esperas, colas, controles, mas controles, y mas colas. Eso si, sin altercados (algo que en mi es mas que un logro). Los vuelos fueron bien. Largos, pero bien. El primer trayecto, Madrid-Philadelphia, 8horas 45minutos (con media hora de turbulencias); el segundo, Philadelphia-Los Angeles, 6horas 9minutos. Se me hicieron mas largos de lo previsto porque, conociendome, pensaba pasar mucho tiempo durmiendo como un oso. Pero se ve que los nervios no me dejaron y, aunque parezca increible, tan solo dormi la primera media hora del viaje (hasta que un azafato empezo a golpearme el hombro para ofrecerme la comida -pollo asado con pure y ensalada, buenisimo), y las 2 ultimas horas, hasta que comenzamos a descender al aeropuerto de Los Angeles.


Aunque los vuelos fueron largos, no se me hicieron pesados. Vi tres peliculas (cada asiento llevaba una television individual), pasaron tres o cuatro veces a ofrecerme comida, y estuve un buen rato rellenando formularios para el control de aduanas que nos esperaba en el aeropuerto. Al leerlo, me di cuenta de que me tocaria hacer 'la trescatorce'. Me preguntaron si llevaba carnes o comida derivada de animales, algo que estaba prohibido para evitar la entrada de infecciones al pais. Yo no habia oido nada de eso antes, y llevaba un bote de chorizos y otro de lomo de orza. Conteste que no, a pesar de que el documento advertia de que me multarian si mentia. Pero solo me pillarian si me registraban, y siendo estudiante, era dificil que lo hicieran. Cuando llegamos al aeropuerto, eligieron al azar las personas que serian registradas. Y me libre. Pero no sin pasar antes mis minutos de sufrimiento. Hubo algo que no me esperaba: los policias decidian los registros iban con un perro. Aunque sabia que el animal esta entrenado para localizar drogas y explosivos, estaba seguro de que cuando oliera los chorizos se iba volver loco. Y si se liaba a ladridos con mi maleta, ya la tenia el lio nada mas llegar. Pero hubo suerte: el perro paso de mi maleta. Luego lo pense y es normal. Es un perro americano. Se volvera loco con la pizza y las hamburguesas. La magra buena no la saben apreciar. Si hubiese caido antes, me habria evitado el mal rato.

Lo más impresionante del viaje, la vista aerea nocturna de Los Ángeles desde el avión.


Alucinante. 220 millas (353km) de luces de un extremo a otro de la ciudad. Cuadriculas perfectas. Cientos de campos de beisbol y futbol americano. Carreteras repletas de coches circulando en plan oruga procesionaria. 18 millones de habitantes. Menudo tocho de ciudad. Ahora toca disfrutarla.